Pasarela de Ca n’Alemany

Descripción del proyecto

Paso sobre el ferrocarril. Celosía metálica abierta superiormente con trazado sinuoso y serpentino.

  • Tipología: Celosía metálica Warren
  • Longitud total: 132 m
  • Luz mayor: 16 m
  • Anchura: 3,5 m

Datos del proyecto

  • Cliente: Consorci del Parc Aerospacial i Mobilitat de Viladecans.
  • Finalización obra: 2019
  • Presupuesto: 1.10 M€
  • Trabajos realizados: Proyecto

Jazmín es una serpiente que vive en los humedales del delta del Llobregat. Se lo conoce entero, rincón a rincón, como el dibujo de sus escamas. Ha sufrido la tragedia de ver cómo los espacios húmedos han ido disminuyendo.

De un tiempo a esta parte, se mueve por las lagunas que aún quedan: la Murtra (que ya estaba en el siglo XI), el Remolar (que también estaba en fecha cercana a aquella aunque con el nombre de “río muerto” ), el estanque de la Ricarda (antes “riera vieja”), la Magarola, el estanque de la Roberta, el estanque de Cal Arana y, la más tardía de todas en aparecer: el estanque de la Podrida (nacida en el siglo XIX). Estas tres últimas, muy dañadas por el desvío del río y por las ampliaciones del puerto y el aeropuerto.

Recuerda con añoranza los estanques de la Isla y de la Massaguera, desaparecidos ambos donde ahora está la Zona Franca. Cuando pasa por la Murtra, tiene un pequeño escalofrío. Sabe que, cuando nació, estuvieron a punto de llamarla “Murtra” porque, desde el primer momento, olía muy bien.

– ¿Sabéis que myrtos en griego es perfume?

Sin embargo, también desde el inicio, era muy traviesa y se encaramaba por todas partes. Al final, sus padres se decidieron por “Jazmín”, que reúne ambas características, y está satisfecha.

También se mueve por el río; por donde siempre se ha movido. Ha visto como se abrían y cerraban sus brazos, que son el origen de las marismas y los estanques. No tiene reparo con las rieras, la Roja (o del Fonollar), la de Sant Climent o la de Canyars. Los sitios que siempre le han gustado más son los estuarios.

– ¡Es porque están llenas de vida, y de comida!

El último cambio en el río que han visto sus ojos de pupila vertical no la ha provocado una riada, lo han hecho los humanos recuperando un brazo de río que estaba vivo hasta hace poco y, desgraciadamente, cegando otro. A su gusto, lo han dejado demasiado recto y derecho. Le gustan los meandros. Cuando era pequeña, pasaba tiempo siguiéndolos jugando. Tiene un consuelo: al menos el nuevo estuario lo han dejado muy ancho.

No se mueve por turismo, es el apetito y la curiosidad; si se acaba la pitanza en una laguna o simplemente si se aburre, se lo hace sencillo: cambia de laguna.

Jazmín es de una vieja estirpe muy longeva, los dragones serpientes. Tiene muchos años. Recuerda los tiempos antiguos cuando su cuerpo era grande, tan largo y grueso que daba temor, antes de que aparecieran los sanjorges y los otros santos caballeros como los sanmartines y los sanjaimes.

Hace mucho tiempo que ya no hay ninguno, pero, si la quieres ver enardecida, hacedle mención de los combates feroces con los caballeros blancos de la cruz roja, veréis cómo se le empañan sus preciosos ojos y como charla atropellando su lengua partida. Es un espectáculo.

Con los siglos, sin enemigos ni princesas, los dragones serpientes se han ido haciendo pequeños. Jazmín, cuando se contempla en el espejo de un estanque, no sale de su asombro. Ahora come peces, ratas, ranas y babosas, huevos, aves y langostas. ¡Todo vale si escasea la pitanza!

Durante una temporada, ya ni recuerda cuando, el delta fue lugar de paso de una especie muy curiosa y de nombre larguísimo: los osos grises gigantes del Cáucaso jugadores de croquet. De la lista de bestias extrañas que pululan por el planeta, una de las más simpáticas. Descendientes de los osos de las cavernas, pero grises y gigantescos en comparación.

– ¿Sabéis que los de las cavernas medían 3 metros de altura? ¡Pues imaginad como eran! Aparecieron por el Cáucaso ¡A saber de dónde venían! Eran nómadas y estaban enloquecidos por el juego del croquet. Su vida era el juego. El clan ursino avanzaba sobre el territorio colocando las puertas en lugares inverosímiles, en la dirección de la migración. Eran muy hábiles, a pesar de las trampas que se ponían unos a otros. Eran rápidos resolviéndolas y avanzando. A veces, con el tino perdido por la manía de la competición, el último oso en pasarlas se dejaba las horquillas clavadas y no se las llevaba.

Jazmín ha vivido también la colonización de los agricultores. Primero miedosos, por lo que decían las leyendas y por las enfermedades de los humedales, hasta que vieron que las serpientes alejaban los bichos que se les comían la cosecha de alcachofas. Con política de no agresión mutua, dragones serpientes y agricultores han convivido sin conflictos durante siglos, incluso con pactos y relaciones de amistad.

Jazmín es curiosa. Hace tiempo que no se encuentra con ningún congénere. Con cierta melancolía y soledad, se entretiene espiando lo que hacen los humanos. Los ha visto hacer muchas cosas, pero una le tiene el corazón robado. Con ansia y en un escondite, cada año espera una romería que se hace junto a una de sus lagunas; desde allí ve como hombres y mujeres bailan. Le encantan los movimientos ondulantes ¡Le son tan propios! Anhela poderse añadir.

Cada año también, se sorprende de ver una veintena de humanos encaramados en una tarima, vestidos de negro y cada uno con un utensilio que no entiende.

– ¿Adivináis quién son? ¡La copla!

Jazmín no lo sabe, pero tiene el oído un poco duro. No es que los dragones serpientes no oigan bien, pero ya hace centurias que un fino velo de lodo le recubre el oído y hace que, si no sorda, poco le falte.

Poco antes de la romería de este año, Jazmín tuvo un susto. Mientras estaba persiguiendo un ratón, se le coló por una antigua nasa de atrapar angulas. Enfrascado (nunca mejor dicho) tras el roedor, le quedó la cabeza atrapada en la nasa … ¡Trabajo tuvo en librarse de ella!

– Imaginad, sin manos ni brazos ¡Quitarse la trampa es bastante complicado!

Al final, haciendo palanca con unos mimbres, lo consiguió y, sin saberlo, al rasgarse la nasa, arrastró el velo que le impedía oír bien.

Se quedó sorprendida por el cambio. El mundo le cambió como de la noche al día, lleno de múltiples rumores y sonidos. Le vinieron recuerdos que tenía arrinconados desde hacía tiempo, mucho tiempo !Demasiado tiempo! Lloró de emoción y de alegría.

El día de la romería, se reencontró con la música y se estremeció entera, de cabeza a cola, de cola a cabeza, en ondas que le hacían sonar las escamas. Música y baile se apoderaron de todo su ser y empezó a notar una sensación muy rara: la piel tensa. Todo era como volver a empezar de nuevo, era raro pero no prestó demasiada atención.

Los acontecimientos se precipitaron: la copla, ahora sí que entendía los instrumentos, se transformó en una charanga y, delante de los bailarines, se encaminó hacia Viladecans donde, según llegó a captar, seguiría el baile en una carpa. Quería participar ¡Quería bailar!

A cierta distancia, siguió la comitiva. La sensación seguía, cada vez más intensa, no sabía qué era. El hecho es que, al reptar, fue aumentando de tamaño ¿Por la música? ¿Por la excitación de las novedades? ¿Un hechizo como el de Hamelín?

Cuando estuvo cerca de las vías del tren, se dio cuenta de que había vuelto a ser como hacía siglos, con el cuerpo grande, largo y grueso y, sobrecogida, vio que no podía usar los pequeños pasos bajo las vías.

En un primer momento, se desesperó. Sabía que aunque grande y fuerte no podía arriesgarse a pasar las vías sin peligro serio, tanto para ella como para los trenes y la gente que había dentro. ¿Qué podía hacer?

Recorrió la vía con ansia hasta que, en un mágico instante de inspiración, lo vio claro: ¡Las horquillas!

Y sí, cerca de la calle de Llobatona, aún había varias puertas que se habían dejado los osos grises gigantes del Cáucaso jugadores de croquet, hacía milenios.

Desde entonces, la  podéis ver allí, pasando por encima del tren, haciendo equilibrios sobre las horquillas.